La Política del Taller



 

Introducción


Bienvenidos al Taller de Criptografía de Arturo Quirantes. De algún modo el nombre me parece adecuado, ya que me recuerda al típico "taller chapuzas" que se monta el padre de familia en el garaje: comienza colocando (apostando, más bien) un par de destornilladores y el taladro ... y acaba expandiéndose tanto que hay que sacar el coche y las bicis de los nenes para hacer sitio. En este rincón encontrarás muchas cosas, algunas interesantes, otras aburridas (las menos, espero) sobre el mundillo de la criptografía y la seguridad/libertad en el ciberespacio en general.

Mi interés en el tema ha ido creciendo con el tiempo. Comenzó con cierto curioso algoritmo llamado RSA, que usaba para el cifrado de datos nada menos que números primos. Qué curioso. Después llegó PGP y me gustó su elegancia y la manera en que servía los intereses de privacidad de los navegantes. Puesto que soy de los que no gustan que husmeen en sus cosas sin permiso, me puse a ello... !aunque al principio no sabía la diferencia entre DES y RC-5, ni qué diablos hacían IDEA, RSA y MD5 en la misma cazuela! Contemplé la heroica lucha de Phil Zimmerman contra el Gran Hermano y de todos los criptoquijotes que, deseosos de mantener la libertad y los derechos civiles en el ciberespacio, pelean contra molinos de viento ...y los vencen. Después me busqué mis propios molinos para acometerlos.

Y aquí estoy, enfrascado en batallitas diversas que no tienen nada que ver con mi ocupación habitual; apuesto a que también es ese tu caso. El problema es que esto es como las cerezas: sabes cuándo comienzas, pero nunca cuándo acabas. Mi Taller está en pleno proceso de expansión, y amenaza con ocupar todo espacio disponible, de manera que tendré que coger la almohada e irme a dormir bajo la hamaca. Incluso puede que salte al abordaje sobre otros temas y acabe con un Centro Comercial en menos que canta un gallo.

Con todo, el Taller de Criptografía es la niña de mis ojos, y la actualizo con la mayor frecuencia posible. Añade a eso que Internet es un animal en constante cambio y que el tema de la seguridad en Red está de rabiosa actualidad (como dicen en las revistas de moda cursis), y seguro que el resultado es que se me han pasado cosas. Bueno, es inevitable en un mundo digital con tropecientos millones de usuarios. Ningún taller tiene todas las herramientas. Así que admiten críticas constructivas, destructivas e indiferentes. Adelante, no muerdo.



Política de privacidad


Cuando navego, me gusta saber que la página destino no me va a dar la murga con cookies, peticiones de información o vigilancias de ningún tipo, y aborrezco los que se aprovechan de tales prácticas para plantarte mensajes (banners) indeseados o inundarte con correo no solicitado. Hasta ahora no he me preocupado de manifestar mi propia política de privacidad, así que ahí va.

Dependiendo de mis conocimientos técnicos, instalaré en algunas páginas un control de accesos. Eso significa sencillamente que, de vez en cuando, echaré un ojo para autocongratularme sobre cuántas personas consideran dichas páginas interesantes. Puede que me dedique a hacer estadísticas sobre número de accesos, lugares de procedencia y similares, todo con fines de mera curiosidad personal; ya sabéis, ese síndrome de "¿hay alguien aquí?" que ataca a diseñadores de páginas web en estos tiempos digitales que corren.

Hasta aquí lo que pienso hacer. Ahora viene lo que no pienso hacer. NO voy a guardar los datos de control de acceso, salvo a nivel estadístico (es decir, puedo guardarme el número de accesos que he tenido en una semana dada o los dominios de procedencia, pero no las direcciones IP concretas). NO voy a ceder de ninguna forma los datos que pueda obtener de dichos controles de accesos, sea de forma gratuita o de pago. En suma: NO voy a trapichear con vuestros datos personales. Quien los quiera, que traiga una orden judicial.

No tenéis más que mi palabra, pero quiero que mi Taller hable por mí mismo. En sus diversas páginas y secciones hallaréis muchos enlaces y documentos (bastantes de ellos, redactados por mí) que os dirán bien claramente en qué lado estoy dentro de la batalla por la privacidad. Como internauta, me molesta muchísimo tener que ceder información sobre mis hábitos, ceder información personal o tragarme anuncio tras anuncio. Y lo que no quiero para mí, no lo quiero tampoco para los demás. Internet se está convirtiendo en un gigantesco escaparate comercial ... pero algunos tenemos otras ideas.

En el caso de que no estés de acuerdo con esta política de privacidad, eres libre de seguir navegando con mis mejores saludos. Si decides quedarte, enhorabuena y sé bienvenido.



Copyright

En efecto, copyright. Y eso que no me gusta decir palabrotas. Siempre me ha parecido del género bobo poner derechos de copia a algo que se inserta en Internet con el claro deseo de que lo lea todo el mundo. Es como pegar en la pared un cartel y añadir un letrero que dijese "no veas esto"

Pero la pela es la pela. Y aunque yo no monté mi Taller de Criptografía con fines lucrativos, hay mucha gente por ahí que ve la Red como una nueva fiebre del oro. De manera que quien quiera aprovecharse de mi trabajo, justo es que lo pague. Así que ahí va mi copyright:

Yo, Arturo Quirantes Sierra, como "chapucero jefe", me reservo todos los derechos sobre los documentos y páginas del Taller de Criptografía. Autorizo a cualquiera a insertar en sus propias páginas enlaces a documentos y páginas del Taller, así como a insertar los documentos en sí (previo aviso al autor), siempre que se haga con fines no lucrativos y que se cite su procedencia original (autor y dirección url original). Cualquier enlace o inserción con fines lucrativos, o que formen parte de cualquier página o portal por la que se cobre cantidad económica alguna, ha de ser autorizado previamente por el autor.

Y ahora, dejemos la terminología legal y hablemos claramente. Lo pondré muy sencillo. Si vas a ganar algo con mi trabajo, paga; si no vas a sacar nada, salvo aumentar tus conocimientos, sírvete. No es más que eso. Por lo demás, espero que en el infierno guarden una olla bien calentita para todos esos codiciosos que nos obligan a insertar párrafos como estos. Maldito parné....

Para que quede más claro todavía, desde Enero de 2006 todos los contenidos del Taller de Criptografía están cubiertos por la licencia Creative Commons, que permite reservarme algunos derechos mientras te concedo a tí, lector, otros.  La filosofía subyacente es la indicada anteriormente: compartir para el que desee usos no lucrativos, pasar la gorra para el que quiera sacar pasta.  Puedes comprobarlo por tí mismo, y ampliar información al respecto, en Creative Commons (página interna)




Mi declaración de intenciones

(Escribí lo que sigue a mediados de los años 90, lo que en el ciberespacio viene a ser tan antiguo como el hombre de Atapuerca. Pero no me arrepiento de ello, y ahí va de nuevo por lo que valga).

Se supone que Internet es un medio de transmisión libre y sin barreras, así que ¿a qué andar poniendo cortapisas como sistemas criptográficos? No puedo darte más que mi opinión personal, así que ahí va. Considero que tenemos el derecho a poder comunicarnos por correo electrónico sin temer que alguien esté con la oreja puesta. Creo en la libertad de expresión de información, y opino que no deben ponerse obstáculos al uso de herramientas que permitan expresarnos sin temor. Por desgracia, la naturaleza abierta de Internet la convierte en una herramienta perfecta para todo aquél que quiera jugar al Gran Hermano, ya sea la empresa, el gobierno o un vecino fisgón.

El alma cándida (o perversa) de alguna persona puede preguntar: ¿es que acaso tienes algo que esconder? Esta pregunta, que a veces se hace con fines capciosos del tipo "si escondes algo, es que no eres trigo limpio", tiene para mí una clara respuesta: sí, tengo algo que esconder. Se llama intimidad. La Real Academia la define como "zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de una familia." Y tan importante es para el ser humano que nuestra Constitución la protege. No importa que englobe áreas inmorales, ilegales o simplemente vergonzosas: la intimidad es un derecho fundamental que tenemos. Si no te leo la carta que escribí a mi tía Luisa la semana pasada, es simplemente porque no es asunto tuyo.

En palabras del creador del programa PGP, Philip Zimmerman, "si eres realmente un ciudadano cumplidor de la ley, sin nada que ocultar, ¿por qué no envías siempre tu correo convencional en postales? ¿Por qué no te sometes a controles antidroga cuando te lo piden? ¿Por qué exiges una orden judicial para que la policía registre tu casa? ¿Estás intentando ocultar algo? Debes de ser un subversivo o un traficante de drogas si ocultas tu correo en sobres. O tal vez un paranoico."

Se supone que los gobiernos protegen nuestros derechos. Pero juzga por tí mismo. En una época donde los servicios secretos espían impunemente a las más altas instituciones bajo la excusa de la "seguridad nacional" (y se salen con la suya); donde bancos y empresas trafican con tus datos personales para intentar suscribirte a ese maravilloso seguro que nunca habías oído mencionar; donde una simple orden judicial permite a un juez leer tu correo y escuchar tu teléfono antes siquiera de que se te considere un presunto culpable; donde Hacienda te hace una paralela apenas se entera de que no declaraste esas mil pesetillas; donde los medios de comunicación, en teoría libres y plurales, son o afines al gobierno o necesitan de éste una licencia; donde tienes tantos derechos, pero a condición de que papá Gobierno te dé permiso para ejercerlos... ¿de quién te fiarás para que proteja tu intimidad?

Tal vez sea algo duro con nuestros grandes buanas. Pero sus actos del pasado no son muy alentadores al respecto. Y, puesto que somos nosotros, los cibernautas de todo el mundo, los que hacemos de Internet lo que es hoy día, exigimos el derecho de establecer las pautas para defender nuestra intimidad. No me malinterpretes: quien cometa un delito por medio de Internet ha de pagar. Quien pretenda usar la Red para traficar con armas o fomentar la explotación infantil no debe esperar santuario. Pero ningún Gran Hermano se la molestado en crear Internet para nosotros, y ningún Gran Hermano tiene derecho a regirla a su manera. El ciberespacio es nuestro. Quien quiera unirse en paz, es bienvenido. Quien pretenda dominarla, que imponga las reglas que quiera ... y se siente a esperar a que las cumplamos.

Esta es mi declaración, y al mismo tiempo mi contribución.



Nota final

Pero bueno, ¿todavía estás aquí? Debes de ser de esos que se lee hasta la última coma del manual de instrucciones del televisor, incluida la lista de concesionarios oficiales y la plaquita de "made in Taiwan" !Venga, a disfrutar de la vida! Ya tardas en entrar en el Taller de Criptografía. Hay muchas páginas interesantes que te están llamando a gritos. Hala, a pasarlo bien.


© Arturo Quirantes Sierra.  Algunos derechos reservados según Licencia Creative Commons